martes, 14 de marzo de 2023

JOSÉ EDUARDO Y SU HIJO

Había intenso sol y el ambiente pesado en esa ciudad industrial y en un banco mucho movimiento y un ser malo y astuto vigilaba a dos hombres y el muy desalmado avisa a sus compinches que lo que hace bulto en la bolsa es plata buena y sonante. Cinco hombres malos y bien armados ya acabando la mañana siguieron el auto donde iban mis dos amigos animados por haber sacado del banco buen dinero para comprar dos yeguas al contado. Eran padre e hijo, gente de hacienda ilustrados, abogados finqueros, de corazón bueno y sincero.
Al bajarse José Eduardo para abrir el portón de la casa, lo asalta el maligno asesino ladrón que le pega un par de tiros en la espalda y los otros disparan al hijo que retrocede el carro saca su pistola y de un balazo certero hiere a uno de los malhechores en el brazo. Los malvados corren y lo acribillan matando a ambos en una soleada y triste mañana en San Pedro.

Qué dolor fue para mí llegar al lugar del siniestro y ver los cuerpos ensangrentados de mis amigos muertos. Yo he tenido amigos de verdad y José Eduardo Gauggel lo fue. Ex magistrado de la Corte en Honduras y de la de Centro América. Y en su meritorio cuadro 56 de títulos ex rector de universidad privada, abogado catedrático y como la vida es dura si se quiere más ingresos de manera limpia y pura, ganadero bueno fue y vendía caballos de fina sangre.
Su hijo abogado y diputado, laborioso como el padre cuyo linaje se remonta al abuelo y la honestidad perdura, también finquero incansable en tierras bien trabajadas. Con José Eduardo pasaba largo tiempo conversando de historia y política, de arte, de toros y rejoneadores, y en su finca cuando podía iba a visitarlo y tomar buen café, comer sano, ver caballos y todavía hoy me pregunto por qué unos desalmados por un puño de dinero segaron las vidas de gente noble dejando en la finca un dolor tan grande y silencio, un vacío que nadie podrá llenar, y en el pequeño cementerio sus restos yaciendo junto a la esposa y madre de ellos.
Hasta luego mis amigos que esto no termina aquí abajo, que aunque nos dejaron el corazón roto y un luto no acabado, sé que hay un cielo prometido para gente buena como ustedes, un Dios que se recrea recibiéndolos como Padre amado dándoles su santo cielo; bendito seas Señor por siempre alabado.
Fuente: Libro CLAMOR ENTRE LLAMAS
Autor: Monseñor Romulo Emiliani c.m.f.

¿POR QUÉ LA ORACIÓN?



¿Por qué la oración? Porque es como el aire que respiro, es la conexión vital con Dios, la manera en que nos encontramos, nos escuchamos, intercambiamos el amor que nos tenemos. Claro, en Dios es el amor pleno, absoluto, incondicional, puro, sin nada que reservar, y en el caso mío, un amor pequeño, inconstante, débil, cambiante, aunque nace del alma. La oración es el aliento divino que insufla mi ser, y me da vida. Me hace sentirme persona, que estoy vivo, que soy alguien para ese que es el Todo, del que proviene todo lo que existe.

La oración es el estarme quieto pensando en el Amado, en el Dios de todas las cosas, que las fundamenta y las trasciende. La oración es la añoranza del alma que enamorada de Dios lo quiere tener al lado. Es el deseo de tener dentro al Amado Dios y sentirlo. Es la oración el clamor de un alma sedienta de eternidad, de cielo, de plenitud, y que sabe que Dios, la Santísima Trinidad es lo más que grande que uno puede aspirar en la tierra como en el cielo.

La oración es el gemido del alma que se siente sola, desprovista de protección y que busca el poder Divino, la presencia providencial del Señor, para sentirse segura. Es la oración el ansía de encontrarle sentido a todo, la aspiración de la creatura que busca el reencuentro con su hacedor, volver a la casa del Padre, de dónde venimos. La oración es el escuchar el latido del corazón divino, del Dios santo, que suspira por nosotros, que nos ama con todo su ser, y que responde diciéndole Amén, te amo Señor, gracias, soy todo tuyo Dios mío.

La oración es el lamento de un alma arrepentida de haber pecado y que suplica a Dios ser perdonada. La oración es el dejarse abrazar, comprender, perdonar, amar aún y a pesar de todo, de un Dios que nos ama al extremo que el Padre entrega a su Hijo a la muerte, derramando su sangre en la cruz por nuestra salvación.

La oración es el canto de un alma enamorada y agradecida con Dios que quiere decirle que lo ama, que está agradecida, porque sabe que son inmensas las bendiciones recibidas, tanto el haberle dado la vida, los carismas, las iluminaciones, el perdón de los pecados, como todo el amor que Dios le ha brindado. La oración es la acción natural de un alma que siente que sin Dios no puede vivir, que sin El nada tiene sentido, y por eso lo busca. Toda persona que quiera vivir plenamente sabe que necesita la oración.

Por Monseñor Rómulo Emiliani c.m.f

HAY UNA ASPIRACIÓN PROFUNDA

 


Hay una aspiración profunda, distorsionada, en el ser humano,
el querer ser como Dios. Sí, eternamente permanecer,
viviendo sin dolor ni preocupaciones y sin nunca padecer,
poseyendo todo al alcance de su caprichosa mano.
Por eso busca afanosamente toda riqueza posible,
el poder y la fama, extendiendo con furia sus dominios,
y erigiéndose monumentos, sarcófagos y pirámides,
y que sepan en todos lados el inmortal nombre
del rey, político, conquistador o prohombre
de las ciencias, las artes, la religión o el deporte.
Y curiosamente, otros hombres necesitan fabricar un mito
de cualquier ser humano y elevarlo a la categoría de dioses
para ser adorado como un especial súper hombre.
Y juntándose el dios falso con sus ingenuos adoradores
crear el fatuo cuento de un ser de inmensas dotes.
Ser como dioses, tentación tan vieja como la historia sacra,
y elevarse al inmortal renombre de ser por siempre conocido,
alabado, querido, o temido, no importa como adquiera la fama,
pero que se le adore, se le tenga como ungido por el destino,
porque él quiere ser dios, aunque pierda en el intento el alma.
No importa si por vanidad hay que enseñar el cuerpo
con indecentes ropas, o comprarse el auto más caro del mercado,
o robar al fisco el dinero para tener el yate más deseado,
lo importante es que me miren como el más entroncado
en el mundo de los dioses de ese Olimpo mundanal y afamado.
Ser como Dios, tentación desde los primeros padres,
que pasa por imperios, familias, castas nobles y clanes,
y siempre acaba con la precipitada caída de los adoradores
de sí mismos como estatuas de pies de barro y cabeza de bronce,
ya por la inconsistencia de su poder o la temida muerte,
que convierte a los supuestos dioses en huesos silentes.
Qué maestra más grande la que provoca la desintegración
de nuestro cuerpo en gusanos y polvo que se pierde en el tiempo,
la muerte que abarca los reinos mundanos más encumbrados,
como a todos los seres humanos como hojas que se lleva el viento
y deja en la historia solo el recuerdo de lo malo y lo bien hecho.
Pero hay otro camino si queremos ser íntimos de Dios por comunión,
siendo en verdad humanos, buscando siempre su majestuosa presencia
por el camino de la sencillez más profunda, y es tener gran humillación
ante Él reconociendo que nada somos, que somos en nuestra esencia
criaturas que venimos de su mano, que dependemos en nuestra condición
totalmente terrena, de su voluntad y misericordiosa bendición.
Solamente por la humildad más intensa reconociendo su grandeza,
la de un Dios creador de todo un universo de billones de estrellas
y de una tierra con sus innumerables especies de animales y mares,
ríos y bosques, y que al ser humano lo eleva por su misericordia
a ser hijo de Dios aún con sus males, podremos aspirar con certeza
a tocar el cielo con toda su verdad y belleza y reconocer que Él es Dios
y nosotros aún con nuestra miseria vivir de su amor felices, sin ninguna tristeza.

Fuente: Libro CLAMOR ENTRE LLAMAS
Autor: Monseñor Romulo Emiliani c.m.f.

LAS TORTURAS EN EL PRESENTE.

En todas las culturas con tendencias bélicas han existido las torturas, como una forma de castigar al enemigo y sacarle información. Es una manera cruel de matar lentamente a alguien, sea dejándolo morir de hambre y sed, atarlo a un palo y que se lo coman lentamente alimañas y animales salvajes, o echarle agua hirviendo, o la clásica gota de agua en la cabeza. Colgarlo por los pies o por las manos, sacarle las uñas o la piel, o golpearlo hasta dejarlo muerto. El ser humano puede convertirse en un monstruo despiadado y dar rienda suelta a su sadismo, con el argumento de que el enemigo no merece vivir, aplicar un mal concepto de la justicia, o por revanchismo, fanatismo, y hasta en nombre de Dios.

Modernamente los regímenes de izquierda y de derecha han usado la tortura para aplacar a los dirigentes sociales o caudillos de levantamientos populares. Las dictaduras se han especializado en el uso de torturas. Escogen a sus hombres más enfermos mentales para realizarlas. Suelen hacerse en lugares no conocidos y sin registro de documentos oficiales. La cuestión es hacer sufrir, vencer la voluntad de los apresados, crear desesperación, quitar energía hasta eliminar a los adversarios. En ocasiones se hace desaparecer a las víctimas. En eso son tan parecidos los regímenes extremistas fanáticos de izquierda y de derecha.

Pero hay torturas más sutiles pero igualmente perversas. La que realiza el cónyuge con su pareja a nivel de palabras hirientes, desprecios continuos haciéndole el vacío al otro hasta hacerlo sentir que no vale nada. O los padres que desde pequeños atormentan a sus hijos con sus gritos y palabras ofensivas, o inclusive golpes. Los amigos en la escuela que se burlan de compañeros que tienen algún defecto o son más débiles que ellos.

Pero también es tortura colectiva e igualmente destructiva un sistema económico que excluya a los más pobres, o políticos gobernantes que en clara y contundente corrupción provoquen con sus robos el empobrecimiento de sus pueblos. Son formas de torturas, sacándole la piel colectiva al cuerpo social, las de los grupos de poder que roban a sus pueblos bajo el manto de la impunidad. Se tortura a los que no piensan como los que mandan, sea impidiendo el libre ejercicio de la libertad de expresión, o imponiendo represalias a los adversarios políticos dañando su fama o arruinándolos económicamente, inclusive metiendo a la cárcel a los opositores.

La tortura se la puede infligir uno a sí mismo, castigándose por errores cometidos, por causa de un complejo de culpa y así pagar el pecado o la falta realizada. Conclusión; toda tortura ofende a nuestro Señor, destruye a su víctima y va en contra de los derechos humanos más elementales.

Monseñor Romulo Emiliani c.m.f.

HAY TANTOS CRISTOS ROTOS

 


En mi vida me he encontrado con muchos Cristos rotos,
a los que les faltan pedazos de vida para estar completos.
He podido vivir en ellos su corazón de dolor repleto,
ver lágrimas caer de sus desencajados rostros
mientras deambulan como ciegos sin rumbo cierto.
Son los parias de esta sociedad injusta, producto de desecho
que como basura los recogen en camiones siniestros,
y los vierten en barrios miseria y en cárceles inmundas,
o en manicomios ambulantes donde comen hambrientos
en los basureros, las sobras, las migajas de los harto satisfechos.
Y en ellos he visto entre harapos al Cristo sufriente siervo
colgado en la cruz de mil infortunios clamando al cielo
que perdone Dios Padre a sus victimarios ciegos,
porque no saben lo que hacen al condenar al marginado
a vivir en la tierra un injusto, cruel y salvaje infierno.
Qué egoísmo tan grande el que viven algunos,
acaparando todo lo que encuentren en el camino,
dejando al pobre famélico, por su misma hambre comido,
trazando un perverso muro donde no pasa pobre ninguno.
Por eso los ladrones del pueblo y los que trafican drogas,
los que mantienen estructuras injustas y engrosan fortunas,
los que siempre han crucificado al pobre y engordado a caudales,
se las verán con el Dios bueno y justo, el que les exigirá cuentas,
en un juicio donde se condenará al lobo salvaje,
al depredador que saqueó al indefenso además de ultrajarle.
No hay impunidad en el claro cielo donde aparecerá el Señor
rodeado de ángeles y en certero juicio leerá sentencia,
dejando en su sitio al voraz y sin escrúpulos sinvergüenza,
que dejó con base a leguleyas trampas sin pertenencia
al miserable que en la tierra agonizó en total tristeza.

Fuente: Libro CLAMOR ENTRE LLAMAS
Autor: Monseñor Romulo Emiliani c.m.f.

EL SUFRIMIENTO DE CRISTO.

 


La encarnación es un hecho real, donde Dios se hace hombre con todas las consecuencias. Creció como cualquier niño. Tuvo que aprender a gatear, caminar, hablar, rezar, conocer las cosas, entrenarse para trabajar la madera y en el campo. Tuvo que estudiar las Escrituras, escuchar a los rabinos, asimilar las costumbres y tradiciones judías. Cuando trabajaba, y lo hacía de la mejor manera, se cansaba, sudaba, tenía que descansar y dormir para recuperar fuerzas. Aprendió a expresar sus sentimientos y emociones, y en todo esto su madre le enseñaba, como también su padre San José. Gracias a ellos dos creció integralmente, en armonía interior, sabiduría, estatura. También tuvo que aprender a controlar y dominar el miedo, la ansiedad, el dolor.

Por su misión en la tierra tuvo que promover en su corazón la paciencia, la misericordia, la valentía, el aguante ante las incomprensiones e injusticias contra él. Mientras más intensa se hacía su labor de ir construyendo el Reino de Dios en la tierra, más sufrimiento sentía por la ceguera de muchos, por la tragedia provocada por los pecados, por ver cómo preferían algunos la idolatría del dinero, del poder, del templo y de la ley, y rechazar a Dios, enquistándose en su maldad. Sufría muchísimo por los pecados de los demás. También le dolía ver la gran pobreza, tantos enfermos y algo en extremo triste, los endemoniados.

Por su misión en la tierra tuvo que promover en su corazón la paciencia, la misericordia, la valentía, el aguante ante las incomprensiones e injusticias contra él. Mientras más intensa se hacía su labor de ir construyendo el Reino de Dios en la tierra, más sufrimiento sentía por la ceguera de muchos, por la tragedia provocada por los pecados, por ver cómo preferían algunos la idolatría del dinero, del poder, del templo y de la ley, y rechazar a Dios, enquistándose en su maldad. Sufría muchísimo por los pecados de los demás. También le dolía ver la gran pobreza, tantos enfermos y algo en extremo triste, los endemoniados.

Sufrió tanto que cuando fue apresado, juzgado injustamente, torturado y condenado a muerte, ya iba ofreciendo su dolor al Padre por nuestra salvación y pagando el precio de nuestros pecados. Y estando ya colgado en la cruz, en esa terrible agonía, ofrecía su vida por nuestro rescate de la muerte eterna. Y al morir derramando toda su sangre por nosotros, logra saldar la deuda contraída por nuestros pecados y salvarnos. El sufrimiento de Cristo es causa de nuestra salvación. Demos gracias a Él por todo lo que hizo por nosotros.

Monseñor Romulo Emiliani c.m.f.

martes, 13 de septiembre de 2022

¿HAS PENSANDO EN ESTO?


¿Has pensado que todo un Dios, creador del universo,

que todo lo que existe lo sostiene,

más de siete mil millones de personas

en la tierra y de billones de galaxias

y un sinfín de estrellas que se extiende

por espacios de años luz sin término,

piensa en ti como si fueras un alma sola?

Sí, piensa en ti, te contempla siempre,

dialoga contigo, está pendiente

de ti y de todo lo tuyo,

como si nadie más existiera en la historia.


Está ocupado en lo tuyo, conoce hasta el número de tus cabellos,

cuánto aire respiras, tus pulsaciones, miedos

y preocupaciones. Sabe quién eres.

Qué amor tan portentoso,

que todo un Dios esté para ti, qué hermoso,

y de manera exclusiva, y que desde que estabas en el seno

de tu madre vio cómo crecías

y estuvo presente cuando nacías

y hasta el día de hoy está contemplándote,

bendiciéndote, amándote, perdonándote,

aceptándote tal y como eres.


¿No te consideras un ser dichoso, privilegiado, como nadie?

Así pasa con todos y cada uno, pero pocos se dan cuenta

de tan grande milagro. Donde vayas, pase lo que pase,

Él te seguirá amando de manera única, singular, eterna,

incondicional, y nunca estarás solo. Qué verdad tan bella.

Fuente: Libro CLAMOR ENTRE LLAMAS
Autor: Monseñor Romulo Emiliani c.m.f.

LA CODICIA.


Una de las causas más profundas de nuestra situación de degradación, corrupción, hambre y guerras, es la de la codicia: esa sed insaciable de tener, poseer, acaparar, dominar, extender dominios, llenarse de cosas, una especie de estómago mental sin fondo. Queremos más bienes materiales, títulos, fama, honores, para satisfacer un ego insaciable. De ahí la raíz de tantos conflictos, encontronazos, rupturas empresariales, políticas, religiosas, guerras que generan la destrucción del ser humano. Y cuando no tenemos lo que tanto ansiamos viene la envidia, el deseo de tener lo del otro, y cuando eso no es posible, inmediatamente viene una tendencia a destruir a la otra persona, acabando con su fama, su buen nombre, inclusive arrebatándole sus bienes de cualquier manera.

La codicia genera la unión con otros con iguales fines y la creación de redes de insaciables acaparadores que buscan la manera de tener más y repartirse el botín, como cuando en las guerras antiguas se vencía y se le quitaba al derrotado sus bienes y se los llevaban al país vencedor. De ahí también la esclavitud en una de sus modalidades, la de tener personas prisioneras del país vencido, a los que convertían en siervos. Esa unión, cuando el único fin es enriquecerse crea entidades de comercialización productora, bancaria, de bienes raíces, y otros gremios como inversionistas, inclusive cooperativas, cuyo único fin es aumentar el capital y repartirlo. Estas entidades buscan sus aliados en abogados, políticos, gobiernos, ejércitos, y otras fuerzas para protegerse. De ahí se crean estructuras socio políticas y económicas que contribuyen a promocionar una gran injusticia.

¿Cómo luchar contra eso? Purificando el alma a nivel personal y comunitario, y para eso evangelizar a tiempo y a destiempo, promoviendo un tipo de vida solidario, austero, fraterno, compasivo, que tenga en miras el bien común, el respeto a la dignidad humana y la inclusión con programas políticos y económicos de los más pobres de la sociedad. Y claro, queremos empresas bancarias, inversionistas, productores, comerciantes que trabajen para el bien común, y aunque tengan fines de lucro, y tienen todo el derecho como empresa privada, sean regulados pensando en las mayorías. Que sean personas conscientes de que hay que compartir, y para eso que sean justos y compasivos. Que se genere un capitalismo más humano, donde el sistema de la oferta y la demanda, el libre comercio, sea supervisado y encausado al desarrollo integral de la sociedad. Necesitamos inversionistas nobles y empleados, mano de obra, mientras más calificada mejor, que unidos ayuden a erradicar la pobreza extrema y escandalosa que nos domina y abochorna. Que se promueva el empleo, aún del menos instruido, para que las personas puedan con dignidad ganarse el pan de cada día.

Monseñor Rómulo Emiliani c.m.f.

domingo, 14 de agosto de 2022

ERES EL VERBO ENCARNADO


Oh Jesús, yo te reconozco a ti como el Cristo,
el ungido de Dios, el enviado del Padre,
quien asumió toda la realidad creada
como el Verbo al encarnarte.
Todo era tuyo desde el inicio,
el sol y la tierra amada,
al igual que todo el Universo
porque el Padre en ti lo hizo.
Y todo tuvo un comienzo
y no tendrá un fin en su esencia,
ya que todo lo muerto será levantado.
Cuando el ser humano por tu misericordia sea resucitado,
Entonces la creación, por estar contenida en tu encarnación,
toda ella será transformada.
Las galaxias con sus billones de estrellas,
las constelaciones y agujeros negros,
los animales de todas las especies y los glaciales,
los montes y los anchos valles,
todo lo que sea y haya existido, será glorificado.
Y entonces vendrá la gran reconciliación,
purificación plena, y el oso jugará con el cabrito,
el león con el venado, las espadas serán arados,
las armas de fuego se convertirán en rosas,
los golpes demoledores en abrazos tiernos,
los llantos en risas, las llagas en luces de colores,
la sangre derramada en manantial de bendiciones
y el hambre en gozo satisfecho.
Y estaremos para siempre contemplando al Dios viviente
en eternidad de cielo, embebidos en un resplandor incandescente,
luz divina, la Trinidad santa en plenitud jamás imaginada,
que veremos cuando nos revistamos de gloria con cuerpo transfigurado
y podamos quedar para siempre embelesados, de la verdad
y la belleza, del Dios eterno y siempre nuevo,
salvados de la aniquilación del pecado,
gracias a la sangre vertida por el redentor crucificado.
Y veremos la Jerusalén bajada del cielo, la esposa del Cordero,
toda la ciudad celeste de oro puro verdadero,
con la base de su muralla toda ella de piedras preciosas
las más bellas y variadas, y sus doce puertas de perlas hermosas,
donde no habrá templo porque Dios mismo lo será,
ni luz del sol ni de la luna, porque la gloria de Dios la ilumina
y su lámpara es el Cordero. Y en verdad todo ojo lo verá.
Y allí no habrá noche, ni llanto ni lágrimas,
ni dolor alguno, y adorarán los inscritos en el libro de la vida
al Dios Padre, al Hijo y al Espíritu, unidos los bienaventurados
en un amor pleno y transfigurados.
Nunca olvidemos que hemos sido llamados,
con nuestro propio nombre, elegidos por el Señor,
para ser en la tierra anunciadores del Cristo muerto y resucitado,
el Dios encarnado,
en cualquier situación o circunstancia,
y que cuando venga la prueba y la persecución,
proclamar que Cristo es el Señor será señal de salvación.
Fuente: Libro CLAMOR ENTRE LLAMAS
Autor: Monseñor Romulo Emiliani c.m.f.

NO SEA UN TÍTERE DE NADIE



Una de las cosas que hacen los poderes del mundo y desde siempre es el de manipular a las personas para conseguir sus objetivos. Para eso usan la información tergiversada, generalmente para difamar o desprestigiar al enemigo, presentándolo como un monstruo, un peligro o amenaza para los demás. La información basada en la mentira siempre sugiere o afirma que lo que presenta el poder de turno es lo mejor. Que no hay otro mundo posible del que presenta quien tiene el poder. Confundir, tapar la realidad, presentar un mundo ficticio, impedir se descubran las cosas han sido técnicas de siempre.


Otra forma de manipular es a través del miedo. Creando inseguridad en cuanto a la libertad, pérdida de bienes o de la vida, el poder convertido en dictadura siempre está amenazando de muchas maneras, haciendo ver que tienen toda la capacidad para hundir, destruir a cualquiera. Hacen creer que conocen todo de los demás y que pueden acusar a cualquiera y condenarlo por conspiración o sublevación.


También otra forma de manipulación es llenar de bienes y privilegios a los que son serviles a un régimen dictatorial o inclusive a cualquier gobierno de turno. Esto prácticamente consiste en comprar conciencias para beneficio del que tiene el poder.


En el mundo hay poderes transnacionales que manejan información y bienes para manipular, ya sea para mantener una postura ideológica frente a algo, ya sea para consumir productos de manera casi irracional, o para cultivar miedos que impidan cambios. En el fondo tienden a uniformar mentalmente y en comportamientos a la humanidad.


Ante todo esto, veamos a Jesús. Nunca se dejó manipular por nadie. No cultivó miedos. Buscó la verdad siempre. Bueno, él era la verdad. No se dejó acomplejar por nadie. Nunca bajó la cabeza ante nadie. Ningún poder del mundo le hizo doblegar. Tenía a Dios padre como su Señor y al Reino como su meta en la tierra. Su misión era servir, salvar, hacernos hijos de Dios. Fue siempre libre ante los poderes reinantes. Vivió pobremente, sin apegos a nada ni a nadie. Se retiraba todos los días a orar, meditar, pensar. Buscaba el silencio. Mantenía su vida interior plena. Por eso su criterio era verdadero, objetivo, sereno, profundo, auténtico. Y compartía con sus amigos la verdad y los escuchaba. Sabía analizar los poderes del momento y ver en profundidad sus mentiras y malas intenciones.


Si lográramos imitar a Jesús en todo eso, nos permitiría no ser títeres de nadie. No dejaríamos se nos usara como instrumentos serviles para que otros consigan sus fines. Seríamos libres con un juicio crítico y sólido, capaces de generar respuestas a los problemas reales. Seríamos personas auténticas, gente pensante.


Monseñor Rómulo Emiliani c.m.f.

miércoles, 22 de junio de 2022

ERA UNA NIÑA QUE SE ENFRENTÓ A LA MUERTE


La niña llevaba colgada en la rama del árbol seis horas,
desde la medianoche hasta la aurora
cuando no pudo más y lloró, pero ningún vecino
salía por miedo a las balas hasta que se hizo de día.
Aquella noche se vieron en las sombras siete hombres
que a paso siniestro a una casa humilde se dirigían
en barrio grande y populoso. Iban a matar a otros,
todos jóvenes y un par de niños, unos ocho, que allí vivían.
Las ráfagas de las ametralladoras rompieron el silencio
y los gritos se oyeron lejos, hasta que vino una triste calma
y los cadáveres quedaron en el suelo y en una cama.

Cuando llegué ya unas monjas franciscanas estaban en la casa
y las autoridades examinaban el lugar de cruel desgracia,
y lo impactante fue descubrir una bebé viva debajo de 
dos muertos envuelta entre las sábanas y que milagrosamente 
no lloró cuando los monstruos asaltaban y mataban con rabia 
al resto. Era linda con sus ojos grandes y bellos,
como una perla cubierta de sangre y que reposaba
en los brazos de la monja que con ternura la besaba.
A esas dos niñas las cuidamos y escondimos
después de llevarlas al hospital y conseguimos
por medio de una señora que yo tanto admiro
que fueran adoptadas por ella y en otro lado están.

¿Y qué pasó? Hay posibles causas.
Sé que el odio entre las pandillas es muy notorio,
conflictos entre las grandes y también las pequeñas,
y todo por asunto de control de territorios,
negocios ilegales, venganzas, y por eso las matanzas.
Ser de una pandilla o de la otra es causa más que suficiente
para enfrentarse a tiros con otros. Me duele tanta crueldad.
Yo luché tanto por la paz entre las dos más grandes
y aunque se logró un acuerdo e intento de reconciliación
de las pandillas con el gobierno y la sociedad,
nada de esto prosperó por falta de apoyos, eso es verdad.

Me duele lo que les pasa a los niños en el mundo en que viven,
porque siempre son los que sufren el pecado de los mayores,
los que mueren víctimas del bombardeo de los aviones
en Siria, Afganistán, o en las dos grandes guerras mundiales,
en el medioevo sitiando ciudades y a punta de cañones
atacando a sus pobladores derribando sus torreones
matando a sangre y fuego a mujeres, y niños, ¡qué crueldades!

Hoy la injusticia los margina y los hunde en la pobreza extrema,
desnutridos y sin educación viven como almas en pena.
Los Herodes se asoman en la historia con sus cuchillas
para degollar y destrozar a estas criaturas indefensas,
dejando una estela de sangre en esta demoníaca escena
que se repite siglo tras siglo en el trágico teatro de la vida.
Fuente: Libro CLAMOR ENTRE LLAMAS
Autor: Monseñor Romulo Emiliani c.m.f.

HAY MUCHAS CLASES DE VIOLENCIA


Cuando el esposo maltrata a la esposa con frases hirientes, desprecios continuos, y la humilla inclusive delante de la gente, está siendo violento. La está golpeando interiormente. Está abriendo heridas en el alma que hará de esa mujer una acomplejada, que se desprecie a sí misma, que no desarrolle sus cualidades y además está dañando su alma con el resentimiento. Muchas veces porque hay hijos de por medio, la mujer aguanta y aguanta. Esa tortura psicológica es igualmente violenta como la tortura física experimentada por alguien. Y lo más probable es que la persona víctima de esa paliza física ha sido dañada menos en el alma que aquella señora maltratada psicológicamente.

Está la violencia institucional, como cuando gobiernos y sistemas económicos oprimen a la gente con mala distribución de las riquezas, grandes impuestos, bajos salarios, robos de las arcas del Estado, en definitiva injusticia y corrupción juntos y la gente deja de tener hospitales, escuelas, carreteras, y cada vez los pobres son más marginados. Eso es violencia, porque se les arranca de las manos su derecho a tener los bienes necesarios para vivir.

Está la violencia en los centros de educación cuando se maltrata a un estudiante con burlas y marginación, mofándose de defectos físicos o mentales, como también es violencia la malcriadez en el trato, el ser patán y chabacano. Es violencia cuando todo un sistema social y económico crea insensibilidad en el corazón de la gente centrándose en el individualismo más atroz, haciendo que se creen barreras invisibles pero reales donde los pobres son vistos como gente de segunda categoría, desechable y que no tienen derecho a los bienes que Dios ha querido darles.

Hay violencia cuando el pueblo no puede expresar su queja, su malestar, su dolor ante tantas injusticias. Cuando los medios de comunicación sirven a intereses creados de grupos de poder y silencian o deforman la verdad, convirtiendo la información en una forma de manipular la opinión pública. Todo eso es violencia porque de manera forzada se le arrebata al pueblo su derecho de expresar su pensamiento. Como también es violencia la manera en que se le impide al pueblo su derecho a saber la verdad.

La violencia como acto no tiene que ser necesariamente física para serlo. Claro que dañar el cuerpo de alguien es violencia, pero el alma, los sentimientos, las emociones y pensamientos, como la dignidad y los derechos humanos no se ven, pero son tan reales como el cuerpo. Y las heridas causadas son auténticas y manan otro tipo de sangre igualmente verdadera, causando daños muchas veces mortales. No seamos violentos de ninguna manera. Pidamos al Señor ser pacíficos, sabiendo que seremos llamados hijos de Dios los que trabajemos por la paz.

Monseñor Romulo Emiliani c.m.f.

EN CUANTO A LOS CRIOLLOS SE REFIERE


Vienen de la colonia, como hijos de españoles sin derecho a ocupar ilustres cargos, por no haber nacido en la Iberia, y por eso, más las causas justas, buscaron la independencia de nuestros pueblos sublevándose contra el imperio. Bolívar el más completo, arriesgado, entregado, el primero, el que más pensó en el pueblo esclavo, oprimido y maniatado, luchó con coraje y dejó su vida en pedazos en campos de guerra, exilios, enfermedades y traiciones, confiscados sus bienes y muriendo en Santa Marta pobre y abandonado.

Pero no todos fueron así. Al nacer las Repúblicas con guerras intestinas, sedientos de poder, como imperios de segunda, quisieron imitar al rey creando solapadamente monarquías familiares, usando la ley y los votos para enquistarse en sus tronos, presidencias vitalicias que pasarían a hijos y nietos, hermanos, primos, apoyados por milicias vendidas y políticos tracaleros, todos buscando su propio interés, mientras el pueblo permanecía atrasado y sin tener noticias del juego audaz y certero de familias aliadas para mantenerse en el poder.

Y luego se fueron emparentando y creando élites oligarcas, clase social de privilegiados de nobles sin títulos, estudiados sus hijos en países avanzados, formando empresas aliadas con el estado, negocios redondos acaparando tierras y cargos públicos y privados, sobresaliendo apellidos que con el tiempo se hicieron de alcurnia.Bendecidos como siempre por clérigos que vendieron bendiciones y ocuparon posiciones de altura por ser bien recomendados.

Y así los criollos formaron su casta y amasaron fortunas, despreciando a los pobres por ser indios o negros, campesinos o iletrados, atragantándose de bienes conseguidos con dudosas operaciones, lavando dinero, extendiendo sus grandes dominios, extirpando los bienes del pueblo y ocupando primeros puestos. En momentos crearon dictaduras y en eso superaron al imperio de los cuatro virreyes, teniendo en repúblicas dominadores de segunda, con ínfulas de reyes, falaces patriarcas que engañaban y explotaban a la gente con el poder de las armas.

Pero cuidado, no todos los criollos han sido así, ni mucho menos. Hemos tenido brillantes políticos, pensadores, escritores, abogados, militares, clérigos, médicos, ingenieros, campesinos y maestros, gente ilustre que se ha entregado al servicio del pueblo, y que son el orgullo de nuestra historia del mestizaje americano, y cuyos nombres han quedado grabados en el corazón nuestro. Y son muchos más que los otros que hemos mencionado, y que todos conocemos por su ejemplo heroico y valentía.

Pero está claro que sin Dios auténtico y en eso hemos faltado los clérigos, y sin principios profundos, aquellos criollos fueron un quiste enclavado en el corazón de nuestro pueblo, impidiendo el desarrollo reservado por el destino a nuestra América mestiza, donde hay tanta riqueza natural y humana, una misma fe y cultura, y gran entereza en el pueblo, que ha aguantado de todo esperando el trabajo fecundo de otros criollos, y de esos hay muchos, que han dado su vida por levantar a nuestra gente haciendo un nuevo mundo.

Bendito sea Dios, nosotros los criollos hijos de varias razas, nacimos en este continente dispuestos a levantarlo, y para eso nos comprometimos a no doblegarnos ante ningún poder y entregarnos en cuerpo y alma para hacer de esta tierra un vergel de paz, unidad y bonanza. Porque somos latinoamericanos y orgullosos de nuestra raza, combinación de sangre india, negra y europea, algo nuevo, que nació para ser alabanza de la gloria de Dios y defensa de este continente de esperanza, el nuevo mundo destinado por el Señor a impulsar a la humanidad por el camino recto y pleno.

Fuente: Libro CLAMOR ENTRE LLAMAS
Autor: Monseñor Romulo Emiliani c.m.f.

TRANSFORMARSE EN MONSTRUO.



Una de las cosas que más aprecia Satanás es transformar a un ángel en una bestia. Y ese es el
drama del ser humano: habiendo sido creado a imagen y semejanza de Dios, terminar hecho
un monstruo en la vida. En la primera guerra mundial se perdieron 20 millones de vidas entre
soldados y civiles y más de veinte millones de heridos, muchos de ellos lisiados de por vida. Se arruinaron las economías de muchos países y quedó el trauma post guerra a nivel de personas enfermas mentalmente y de mucha hambre. Y en la segunda guerra mundial se habla de unos 60 millones de personas muertas, mucho más civiles que soldados a consecuencia del
conflicto. Se emplearon en ambas guerras todo el dinero posible y lo mejor de la tecnología en
armas mortales: cañones, morteros, ametralladoras, rifles, bombas de todo tamaño, minas
terrestres y acuáticas, tanques, aviones, submarinos, barcos, armas químicas, llegando incluso
a bombas atómicas. Se cometieron los más horrendos crímenes de guerra, desde bombardeos
indiscriminados a tener los campos de concentración más horrendos de la historia. Luego las
guerras tribales en África, la guerra de Vietnam, las guerras civiles en muchos países. Sólo
España perdió un millón de vidas en la guerra civil. ¿Quién ha vencido en todas estas guerras?
Satanás. El ángel de la muerte, el mentiroso y envidioso, el que odia a Dios y por lo tanto a la
obra más grandiosa del Señor, que es el ser humano, es el victorioso. Ha transformado a
muchos millones en monstruos. No lo permitamos nosotros.

Es notable como el ser humano puede ser transformado en una máquina de guerra, en un ser
capaz de cometer los crímenes más horrendos. Y esto no solo a nivel personal, sino grupal,
comunitario. Y no es asunto de falta de educación, porque el pueblo más culto de Europa y del
mundo, en los años 40 fue Alemania. Y los campos de concentración eran auténticos infiernos.
De no haberse dado las guerras ese país sería hoy la potencia más grande del mundo por toda
su capacidad tecnológica, económica y de organización. Y aún con todo y sus derrotas es un
país de inmensas posibilidades hoy.

Cualquiera de nosotros puede ser transformado en un monstruo. Podemos alcanzar alturas
impresionantes de bondad, generosidad, amor, ser santos, pero también caer en las
situaciones más aberrantes de maldad. Es cuestión de oración y vigilancia y de alimentar al
ángel que llevamos dentro con la Palabra de Dios, los sacramentos, actos de misericordia,
pensamientos positivos, buenas amistades, para que crezca. Evitar alimentar a la bestia con
envidias, rencores, odios, soberbia, malos deseos, codicia, avaricia. Y recordar que con Dios
todo poderoso y glorioso todo esto es posible. 

Monseñor Rómulo Emiliani c.m.f.

JOSÉ EDUARDO Y SU HIJO

Había intenso sol y el ambiente pesado en esa ciudad industrial y en un banco mucho movimiento y un ser malo y astuto vigilaba a dos hombres...