sábado, 5 de mayo de 2018

PRINCIPIOS DE SALUD MENTAL.




HAY QUE SER COMO NIÑOS PARA QUE EL REINO DE DIOS SE HAGA PRESENTE, dice Jesús.  Contempla a los niños jugando, tomando con toda seriedad la diversión, enfocando la atención en algo sencillo: un carrito tirado por una cuerda o un avioncito levantado con sus manitas junto a una  florida imaginación de  naves espaciales surcando el cielo o de héroes con grandes corazas luchando contra monstruos. Míralos cuando escuchan historias contadas por sus abuelos  o cuando ríen sin control por una travesura divertida; están metidos de lleno en lo que ven y escuchan, están viviendo el presente, “el ahora”, plenamente. Los niños tienen esa capacidad que nosotros hemos perdido: sumergirse en el momento presente y quedarse allí, olvidándose de todo el antes y después. 

 ESTAR ANCLADO EN EL PRESENTE ES UN PRINCIPIO DE SALUD MENTAL,  y además es lo  único que en verdad tenemos.  El recuerdo obsesivo del pasado, con toda su carga de remordimientos, frustraciones y resentimientos enferma el alma.  El estar pensando en el futuro, en lo malo que podrá ocurrir, en cómo ocurrirá, o en estar esperando algún gran acontecimiento que “me hará feliz”, me arrebata lo único que tengo, “el ahora”.  Y es en el presente donde puedo labrar mi historia de amor, mis ideales soñados y decir “te amo Señor”, elevando la mirada al cielo donde la verdad es belleza y la belleza es verdad. Es en el presente donde puedo dar el abrazo al hermano, dar un paso adelante en mi realización personal tomando una gran decisión,  leer un poema que me haga vibrar de emoción, ser solidario con el que necesita de mí, respirar hondo y relajar mi cuerpo.  El “si yo hubiera hecho” o “¿por qué no hice aquello?” y pasarme la vida atormentándome escarbando constantemente el pasado, o  repetirme “algo malo  vendrá a destruirme”,  obsesivamente temeroso de lo que podrá ocurrir, me quitan el estar viviendo lo único que tengo, “el ahora”. Todo esto al final enloquece al individuo. 

BIENAVENTURADOS LOS LIMPIOS DE CORAZÓN, PORQUE VERÁN A DIOS. Si queremos contemplar al Ser Divino, al Señor que habita en nosotros, tenemos que limpiar el espejo que refleja la belleza de Dios. Tenemos que purificar el alma, hecha a imagen y semejanza de Él.  Si nuestro “yo interior” está manchado por malos pensamientos y deseos, sentimientos de rencor y odio, de envidia y de temor, no podemos ver al Dios que se refleja en el espejo del alma y no tendremos paz en nuestra vida. 

 Para Jesús en el contexto del pensamiento hebreo, “ver es igual que poseer”. “Por lo tanto, el que ve a Dios alcanza por esta visión todos los bienes posibles: la vida sin fin, la incorruptibilidad eterna, la felicidad imperecedera, el reino inmortal, la alegría ininterrumpida, la verdadera luz, el sonido espiritual y dulce, la gloria inaccesible, el júbilo perpetuo y, en resumen, todo bien”, (San Gregorio de Nisa). Ya en esta vida mientras más puro sea el corazón humano, más estará tocando esta realidad descrita, aunque de manera limitada,  que en el cielo será plena y por lo tanto más paz tendrá. 

TENER EL CORAZÓN LIMPIO DE TODO AFECTO DESORDENADO como la codicia, avaricia, celos, lujuria, odio, venganza, soberbia, nos permite contemplar la belleza de nuestra alma, en la que se refleja como en un espejo la presencia del Señor.  A Dios no podemos verlo tal y cual es en la tierra, porque moriríamos inmediatamente. Pero así como vemos la luz del sol reflejada en la luna, así al tener el corazón limpio, podemos ver a Dios en nosotros, algo de su infinita belleza.  “Si se esmeran con una actividad diligente en limpiar su corazón de la suciedad con que la han embadurnado y ensombrecido, volverá a resplandecer en ustedes la hermosura divina”, (San Gregorio de Nisa). 

RECUPERAR LA INOCENCIA PERDIDA,  volver a ser como niños, es igual a convertirse, a llenarse de Dios y encontrar  la paz que experimentábamos cuando éramos arrullados por el canto de la madre y acurrucados en sus brazos. Se vivía en el presente y no existían en el alma esos juicios condenatorios y esa morbosidad con que nos contaminó el mundo. Por eso perdimos la paz del alma. 

Ser como niños, implica tener su pureza, candor, sana ingenuidad, alegría, bondad y ternura. Ser como niños nos hace encontrar con naturalidad la presencia divina en nosotros y vivirla. Ser como niños nos hace dóciles al Espíritu, sencillos y austeros, transparentes y sin complicaciones, auténticos y alertas a todo lo que presenta “el ahora”. Ser como niños nos devuelve la paz y la cordura perdidas y con Dios eso es posible, ya que con Él somos invencibles.

Monseñor Rómulo Emiliani c.m.f. 

martes, 17 de abril de 2018

¿QUÉ ES LA VIDA?


LA VIDA ES UN DON DE DIOS Y ES SAGRADA.  Este concepto tan inherente a la espiritualidad hindú y budista y vivida también por nuestra cultura indígena latinoamericana, ha sido proclamado siempre por el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo y la Iglesia lo cree firmemente.  Pero en la práctica hemos tenido tantos infortunios  históricos, en parte por los conflictos bélicos entre naciones y aún entre religiones, en donde se han bendecido las guerras y sus armas, desde las espadas y lanzas, pasando por los tanques y aviones, y se ha pedido la intervención divina para que gane alguno de los contendientes, cosa que implica la destrucción del contrario.
SE HA EMPLEADO EL CONCEPTO DE GUERRA JUSTA  y algunas veces de “santa guerra” y se ha satanizado al contendor. Siempre “el otro” es el agresor y merece ser derrotado, pidiendo el auxilio divino. Ejemplo: Las guerras entre musulmanes e hindúes que hicieron sufrir tanto a Gandhi y lo llevó a sus extremas huelgas de hambre,  o entre el Islam y la Europa medieval católica; también el papado, en algunos momentos, contra reyes europeos, pasando por los conflictos entre muchos grupos indígenas en la América precolombina, o entre los europeos católicos y los pueblos indios de América, o las terribles y sangrientas luchas tribales en África. En la guerra civil norteamericana, los del norte y los del sur invocaban al Dios cristiano, al igual que en las dos guerras mundiales, se enfrentaron cristianos siempre pidiendo el apoyo de Dios y con sus capellanes bendiciéndolos. Todos oraban y se lanzaban entonces a  destruirse. Se justificaba el matar y hasta en nombre de Dios, sea en guerra o después con la pena de muerte y siempre, supuestamente bendecidos por el poder divino.
HAY UNA ANÉCDOTA HISTÓRICA  en la primera guerra mundial en un frente  en el que  combatían los alemanes contra los ingleses y escoceses.  En la noche de navidad en una pequeña tregua,  se escuchaban en ambos ejércitos atrincherados la canción “Noche de paz” en sus lenguas e inclusive con las gaitas escocesas…un soldado alemán, embriagado,  sale de la trinchera con una botella de licor y comienza a caminar hacia el otro frente cantando y para sorpresa de todos, un par de ingleses hacen lo mismo.  Total, al final terminaron jugando fútbol tres días los soldados que eran enemigos entre sí. Eran jóvenes de 18 a 27 años, fraternizando y olvidando momentáneamente lo horroroso de esas guerras absurdas.  Después, por orden de sus altos jefes al enterarse del suceso, reanudaron los combates y siguieron matándose sin saber porqué. 
¿Y QUE PENSARÁ DIOS? Esta pregunta parecería sobrar, pensando que Dios siempre está a favor de los buenos y los protege.  Es común en los salmos leer peticiones para que Dios intervenga y derrote a los enemigos que agreden a los  buenos.  Por otro lado siempre  tendemos a ponernos, todos, en la fila de los buenos y a sentir que “el otro” está equivocado y  es el malo Pero, una pregunta: ¿quiénes son y dónde están los buenos?  Segundo: ¿Dios quiere que los supuestamente buenos luchen y destruyan al contrario para demostrar que son buenos y que Dios está con ellos?  Vuelvo  a preguntar: ¿y qué pensará y querrá Dios?   Creo que él dice que todos somos buenos porque fuimos creados por Él y no quiere que nos matemos por ninguna razón y que debemos buscar formas adecuadas para resolver nuestros conflictos, sin llegar jamás a derramar la sangre de nadie. Este será el gran reto del siglo XXI, superar las guerras y lograr la civilización del amor.
PERO VEAMOS MÁS PROFUNDAMENTE QUÉ QUIERE DIOS: Primero,  desde el Nuevo Testamento, revelación suprema, ya que la Palabra se hizo carne,   se manifiesta que toda vida es sagrada y merece respeto y protegerla es señal de estar con Dios.  Segundo, en toda vida hay presencia y manifestación divina, por lo que Dios está en todo y en especial en los seres humanos. Lo que hagamos a alguien se lo hacemos al Señor.  Este principio es vital en el Nuevo Testamento, al extremo de que nos jugamos la vida eterna de acuerdo a cómo tratemos a los seres humanos. Aplicar este concepto al respeto a la naturaleza nos convertiría en defensores genuinos de nuestros bosques, ríos y mares.  Tercero, el auténtico culto a Dios implica no solamente las oraciones y demás ritos litúrgicos necesarios para nuestra vida espiritual, basados en lo esencial que es  la Palabra y los Sacramentos, sino  también la defensa del pobre, del marginado y excluido y su promoción humana.
POR ESO LA IMPORTANCIA DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA  y la pastoral social, además de la evangelización intensa.   Conceptos como el de la dignidad humana, el respeto a la vida y al Bien Común,  la solidaridad  y la comunión en la diversidad, respetando la opinión de los que no piensan como uno, (tolerancia y diálogo), hasta el de la austeridad y sencillez de vida para no acaparar bienes innecesarios, como el de promover una economía solidaria, donde los más pobres se puedan organizar en micro empresas, cooperativas y demás, todo eso es parte del trabajo  y misión de la Iglesia.  
LA IGLESIA, EN CONSTANTE PURIFICACIÓN, acepta los fallos en su pasado y pide perdón por eso y busca vivir más intensamente el Evangelio.  Por eso lucha en favor de la vida en todas sus manifestaciones y defiende los derechos de todos, tanto de los pobres y discapacitados, los presos e indocumentados, las mujeres y los niños abandonados  y está en contra de la pena de muerte, el aborto y la eutanasia y de toda injusticia social, marginación y exclusión. Es una constante de la Iglesia la asistencia a los pobres y ha sido y es la institución que en el mundo tiene más entidades a favor de todos los que sufren en todas sus variadas manifestaciones.  Un simple ejemplo: Hoy  día, las hermanas de Calcuta están dedicadas, entre otras cosas a los enfermos del sida y los hermanos de San Juan de Dios, siguen asistiendo, al igual que hace cinco siglos a los enfermos mentales.
¿CÓMO TOMAR CONCIENCIA EN NUESTRA HONDURAS con un promedio de 82 asesinatos por cada cien mil habitantes, de que la vida es sagrada?  ¿Cómo detener esta ola irracional y casi diabólica de violencia que enluta diariamente a unas 19 familias?  Esa es nuestra tarea y reto; crear una nueva cultura de la paz, del respeto a la vida y de la solidaridad, donde todos amemos la vida y la defendamos, asegurando un mejor futuro para todos los que habiten en esta hermosa  pero sufrida tierra.
PARA ESO HAY QUE EVANGELIZAR  a tiempo y destiempo, usando todos los medios posibles y seguir promoviendo la caridad inteligente en todas nuestras parroquias y orar con insistencia por la paz de nuestro pueblo.  De hecho estamos viviendo un tiempo de una irracional y  aberrante violencia, casi diabólica, y sabemos que nuestra lucha es contra poderes infernales y solo el Poder Divino es infinitamente más grande que el mal. 
TAMBIÉN TENEMOS QUE SANAR NUESTRA MENTE ENFERMA, porque volviendo al principio de nuestra exposición, tenemos ya los síntomas propios de pueblos en situación de guerra: miedo colectivo y odio acérrimo al que nos agrede; Buscar cómo atacar al contrario  en venganza y reducirlo a cenizas aplicando un concepto de justicia al margen de la ley por la impunidad que hay; acostumbrarse a la muerte violenta viéndola como algo natural; crecimiento de una cultura de la muerte, donde uno ya se convierte en un virtual combatiente que desea la muerte de “los otros”, de los considerados “malos”, sin analizar las causas del porqué hay tanta delincuencia y tanta destrucción.  Debemos presentar personal y comunitariamente una cultura de la reconciliación. Debemos ser mensajeros de la paz, viviéndola intensamente.  Este es un momento decisivo en nuestra patria y todos tenemos que promover la civilización del amor.  No es nada fácil, solo con el poder divino es posible.

Monseñor Rómulo Emiliani c.m.f. 

lunes, 2 de abril de 2018

ES CUESTION DE IDENTIDAD...



Cada vez que aparece una crisis personal, hay que recurrir a la pregunta: ¿y quién soy yo? Y responder afirmativamente: “Soy alguien especial, extremadamente importante a los ojos de Dios, con una misión trascendente, ser alabanza de la gloria de Dios, construir el Reino del Señor en la tierra, ayudar a cambiar el mundo”; una respuesta de esta categoría hará la diferencia para salir airoso en cualquier dificultad. Uno de los síntomas claros de deterioro personal es el de sentirse un desconocido con uno mismo, y así no se puede enfrentar uno con eficacia a un problema trascendental. Una de las situaciones más peligrosas en el ser humano es la de perder conciencia de su realidad, de su identidad. Cuando uno no se identifica con su esencia y no puede definirla, pierde fuerzas para superar situaciones complicadas.
Por eso hay que estar conscientes del “yo soy”, es decir, usted, un ser único, irrepetible, íntimamente conectado con su fuente vital que es Dios y con toda la realidad, hecho a imagen y semejanza de quien es el “Yo soy el que soy”. Ese núcleo personal íntimo, el “yo soy”, es inmortal, es sólo suyo y tiene su raíz en la infinitud de un Dios que es “el mismo ayer, hoy y siempre” y que por pura gracia de “quien todo lo puede”, lo ha creado a usted para entrar en comunión con Él. Por su misericordia divina heredará el cielo y estará para siempre con Él. No se olvide de su esencia más profunda. Usted es un “yo” real, perfecto en su esencia, que tiene que desarrollar todas sus potencialidades y que no depende de lo externo para reafirmar quien es. Una táctica de “las tinieblas”, es la de arrancarle la conciencia de su misterio más profundo y de hacerle creer que usted es un ser impersonal, sin valor ni trascendencia alguna.
¿Y quién soy yo? Jesús pudo enfrentarse a los ataques más terribles de todos los poderes de su tiempo, políticos, económicos, religiosos y aún a la incomprensión y abandono de sus discípulos, gracias a la claridad de su conciencia sobre su dignidad divina y humana. El sentirse enviado por el Padre, el saber que cumplía una misión sagrada, le dio fuerza para resistir. El ser atacado por sus adversarios llamándolo Belcebú, príncipe de los demonios, o ser tratado como un revoltoso, demente o iluso, creó confusión en la gente pero no en Cristo; el mismo Satanás, en las tentaciones del desierto, quiso confundirlo intentando crear en Jesús sed de poder y así hacerlo caer en la trampa: “Si me adoras, te daré todos los reinos del mundo”…Pero Jesús sabía quién era. Jesús tenía clara su identidad de hijo de Dios Padre, enviado para salvar a la humanidad, fundador de la Iglesia, constructor del Reino, de la civilización del amor. Resistió a esas tentaciones y nos hizo ver que con El podemos superar cualquier trampa de las tinieblas.
Así como sea su autoimagen será su autoestima. El que tiene clara su realidad y se aprecia, se valora, estando seguro de quien es, tendrá así mismo una autoestima positiva. ¿Qué clase de autoimagen tiene usted? Si se cree producto de la casualidad cultural y genética y que nació aquí porque sí y su vida no tiene el sentido correspondiente, está usted mal. Si cree que es un número más de esta sociedad consumista, donde solamente cuenta para comprar cosas, pagar impuestos, o ser miembro de un clan político o social, esto lo llevará a una despersonalización que lo hará objeto de manipulaciones de fuerzas externas. Si usted depende del criterio de los demás para saber quién es y se deja definir por otros está perdido. Al final de cuentas, definir su ser más profundo será tarea suya, habiendo sido iluminado por el Señor y escuchando enseñanzas de quienes tienen autoridad para guiarlo. No todo el mundo puede ser su maestro.
Al mundo no le interesa que usted sea consciente de quien es. El interés de despersonalizarlo y hacer de usted un ser “gris”, que es incapaz de definirse como persona y sin ideales, es para que usted sea un fácil instrumento de cualquier ideología política, dictador de turno, moda degradante, vicio predominante, grupo de poder o creencias de adivinos y hechiceros. Mientras menos conciencia tenga de su “yo interior”, de su relación con Dios y del poder que el Señor tiene, más será propenso a dejarse manejar por supersticiones basadas en falsas influencias de estrellas, amuletos y lecturas de cartas. El único poder auténtico es el del Señor con quien usted será invencible.

sábado, 24 de marzo de 2018

EL GRAN MAL


El gran mal nuestro es pensar obsesivamente en nuestro “yo” y encerrarnos en él, queriendo hacer que el universo entero gire alrededor nuestro.  Esta fijación en nuestro pequeño mundo con sus intereses pequeños, limitados y de poca trascendencia para el bien de la humanidad, causa tanto pecado de omisión porque impide levantar la vista y contemplar el dolor del mundo. No nos damos cuenta de que solamente en la medida en que seamos para los demás, haciendo crecer nuestro ser interior y desarrollándonos integralmente para servir, solamente así seremos felices.
El estar estacionados solo en nuestro ser contemplando aterrorizados, por ejemplo, las espinillas que brotaron en la cara, la celulitis o la inevitable calvicie, dándoles a esos triviales acontecimientos la dimensión emocional que provocan las inundaciones, terremotos o epidemias que azoten todo un país, es señal del cultivo inmaduro y alienante de un gran enfermizo egoísmo personal. Esto implica una visión infantil de la vida que raya con la demencia. Se vive un mundo irreal, o por lo menos, extremadamente incompleto.  “Mi yo” es el único y lo único que me importa.  Por eso estoy absurdamente ligado al “qué dirán”, a la moda, a cumplir todos mis caprichos a los que llamo metas y no lo son. Entonces  nada más me interesa mi dinero, mis cosas y lo que se relacione con eso. Lo demás no importa.
El estar pensando solamente en “lo mío” me hace ser un furibundo y hasta sanguinario defensor de mis bienes, ocasionando la siguiente distorsión de la realidad: creo que yo soy mi dinero, mis joyas, mi belleza, mis cosas, y el que me toque algo de eso para quitármelo se encontrará con la violencia en cualquiera de sus manifestaciones porque está agrediendo mi “yo”.    Y eso es falso: yo no soy mis cosas y trasciendo como misterio creado por Dios todo lo que existe.  Soy un espíritu encarnado, un ser que busca   vivir en Dios, en el amor y por toda la  eternidad en comunión con los que serán salvados.  Por otro lado, la muerte es la gran maestra: nada en verdad es de nadie, porque nadie se lleva nada. Solo administramos bienes en la tierra.
 El ser humano  no puede estar desligado de los demás, y cuando lo hace, cuando se desentiende del próximo, esto le ocasiona  enfermedades emocionales.  El pecado de egoísmo violenta sustancialmente nuestra tendencia a la comunicación y comunión con los demás y nos empobrece vitalmente, ya que al encerrarnos impide que la riqueza de nuestros próximos nos alimente espiritual y emocionalmente.  Ensimismarse, obsesionarse con el pequeño mundo nuestro, afecta la visión profunda de la realidad que debemos tener.  Aparecen los demás como seres extraños, amenazantes, perturbadores y que deben ser alejados a como dé lugar cuando amenazan quitarme lo que es mío. O al contrario, aparecen algunos para mí muy importantes: me adulan, me gratifican económicamente o en otros aspectos,  o me aseguran seguir poseyendo todo lo que pueda y más, me sirven y por eso los tengo a mi lado.  Cuando no sirvan, se echan a un lado.
El egoísmo nos empobrece y afecta el desarrollo y marcha ascendente de la humanidad, porque mis bienes bien administrados, puestos al servicio del próximo podrían haber hecho mucho bien a los más  necesitados. Pero sobre todo, al reservar nuestros carismas y cualidades naturales y “enterrarlos”, estamos robándole a los demás el derecho de haber gozado de nuestras riquezas humanas y esto afecta sobremanera el bien de la comunidad humana. Imaginémonos entonces lo que puede haber afectado a la humanidad la suma de los egoístas en el mundo en cada generación de la misma.  El gran pecado  de egoísmo y por lo tanto de omisión colectivo tiene que haber frenado procesos de desarrollo integral en las vertientes espirituales, científicas, laborales, magisteriales, empresariales, judiciales y tiene mucho que ver con las desgracias colectivas que estamos viviendo.  La suma pues de los egoísmos en la historia de la humanidad ha sido la causa de la pobreza extrema de las mayorías.
Está claro que los seres humanos somos los culpables del deterioro de las redes de convivencia social, desarrollo económico y tecnológico, afectando a grandes capas de la humanidad, marginándolas y empobreciéndolas.  Es absurdo y blasfemo echar la culpa a Dios de lo malo que nos sucede. Lo que en verdad nos falta es amor compasivo, salir de nosotros mismos, dolernos el mal que sufre el otro e individual y comunitariamente ser solidarios y de la manera más organizada trabajar la “caridad inteligente”, creando nuevas formas de vivir donde el prójimo como nuestro “otro yo” sea servido con amor, porque en Él también está Dios con quien somos invencibles.
Monseñor Rómulo Emiliani


sábado, 10 de marzo de 2018

“ENSÉÑAME TUS OBRAS…..”



NO POR MUCHO REZAR NOS SALVAREMOS, aunque la oración es fundamental y necesaria.  Dios es misericordioso  y la salvación y todo lo bueno que tenemos viene de Él.  Nadie se salvará por sus propios méritos, pero “la fe sin obras es una fe muerta”.  Jesús continuamente nos está pidiendo que sirvamos al prójimo como  cuando lavó los pies a los discípulos y nos mandó que hiciéramos lo mismo. O cuando describe el momento del juicio final y nos dice: “Ven conmigo porque tuve hambre y me diste de comer….” La parábola del buen Samaritano es tan elocuente en esto: alaba al “hereje según la ley judía” y condena al sacerdote y levita por no haberse detenido y atender al apaleado y medio muerto.  Él mismo es un ejemplo de servicio incansable. Cuando Juan el Bautista estaba preso, mandó a preguntarle si era él el Mesías y Jesús respondió: “díganle a Juan: los ciegos ven, los sordos oyen, los paralíticos caminan….”.
SUS ACCIONES DETERMINAN SUS PRINCIPIOS. De qué vale que pregone sus pensamientos altruistas sino van acompañados por actos que los avalen.  La demagogia barata, las promesas que no se cumplen, al estar hablando mucho de uno mismo sin nada que en verdad prueben sus palabras, son posturas repudiadas por quienes esperan mucho de usted. Por otro lado, detrás del fracaso rotundo están los sueños de quienes no obraron intensamente por realizarlos. ¿Pero cómo va a actuar si no tiene metas claras y un plan para realizarlas? ¿Y cómo va a triunfar si teniendo objetivos y estrategias, no hace nada por realizarlos?  Si no hay acciones concretas que sobre  la marcha corrijan  y enriquezcan su plan, será un fracasado.
HAY QUE PONERSE EN MARCHA Y HACER ALGO,  asumir los riesgos en vez de esperar que algo suceda o que venga del cielo el éxito esperado.  Pero para eso hay que tener valentía, enfrentarse a los retos, aprovechar las adversidades, aprender de los fracasos, perseverar en su lucha y habituarse a no quedarse “sentado” a ver qué ocurra.   Ante la duda, es mejor actuar pronto que demasiado tarde.  
SE LE RECORDARÁ POR SUS BUENAS OBRAS.  Cuando parta de este mundo se guardará memoria de usted por sus actos y  no por sus palabras bonitas y sus promesas incumplidas.  Se acordarán de su presencia consoladora,  del tiempo que dio a los demás, sus abrazos fraternales, sus acciones concretas que ayudaron a los demás a salir de sus problemas y a superar adversidades.  La sonrisa sincera, el consejo apropiado, la compañía en el momento difícil, el darse usted y lo que tenía, todo eso quedará grabado en los demás. Y todo eso queda escrito en el “Libro de la Vida”.  Sepa que éxito es brindar un servicio útil a los demás que lo realice a usted y le haga sentirse satisfecho.
NADA GRANDE SE HACE SIN FE.  Esa confianza absoluta en Dios, la certeza de que su ideal es bueno, el creer en usted mismo y desear ardientemente realizar su objetivo, son los ingredientes necesarios para hacer las cosas.  Y  ya sabe, se necesita “inspiración” y una gran dosis de “transpiración”, es decir, “sudar la gota gorda”, para realizar sus metas. El deseo suyo debe ir acompañado de obras concretas, acciones que faciliten lograr su objetivo.  Y cuando las cosas no vayan bien y fracase, deje de estar echando la culpa a los demás, presentando excusas por docenas y acepte su responsabilidad y corrija sus acciones.  Ponga a rendir al máximo sus potencialidades, no postergue las acciones, establezca plazos para cumplir sus metas, evalúe su trabajo y no sea alcahueta de sus indecisiones y fallos. Si ya tiene todos los datos necesarios, decídase a hacer algo y hágalo rápidamente. Se ha dicho que “de buenas intenciones está lleno el infierno”…De hecho en el juicio final se  nos juzgará no por  nuestras creencias, sino por las acciones que hayamos tomado debido a ellas.
TODO EMPIEZA POR UN PRIMER PASO.  Si usted ve a una persona que ha logrado honestamente metas grandes en la vida, sepa que comenzó dando un primer paso y luego poco a poco, a base de éxitos y fracasos fue escalando gradas de superación.  Dé su primer paso y con paciencia vaya subiendo la cima de sus metas.  Nada grande se ha conseguido sin grandes esfuerzos y sacrificios.
ENTRE TODOS CONSTRUIMOS EL EDIFICIO SOCIAL.  Sea la Iglesia como cuerpo de Cristo y su Reino, o la sociedad como comunidad con todas sus estructuras, la acción concreta, los hechos pequeños o grandes, van levantando la “gran casa” espiritual y humana. La pasividad y el pecado de omisión hacen mucho daño. Y recuerde que con Dios es invencible.

Monseñor Rómulo Emiliani c.m.f.

sábado, 24 de febrero de 2018

EL PERDÓN


Queremos ayudarlo a que usted aprenda a perdonar, porque perdonando será una persona mucho más feliz.  En la vida humana es normal que existan errores, defectos y roces que nos afectan.  Estar preparados para vivir es aprender a decir ¡BORRÓN Y CUENTA NUEVA!, es comprender la naturaleza humana y saber que el fallo es parte de ella y que no todo el mundo siempre está dispuesto a hacer el bien.

Hacer el bien no es igual para todos.  Sí, es cierto que hay un bien objetivo;  la forma de realizarlo es diferente.  Depende de tantos factores: experiencias, conocimientos, etc.  Hay criterios diferentes, porque hay distintas maneras de pensar.  Hay quienes creen hacer el bien y de hecho lo están realizando al nivel de su conciencia, pero en la forma de hacerlo están fallando.  Aun cosas hechas con la mejor intención no son hechas objetivamente de acuerdo con el bien y la moral.  Debemos ser realistas y estar preparados para comprender.

Lo ideal sería que las cosas negativas que nos ocurren pudiésemos borrarlas de nuestra mente y no permitir que nos hiciesen daño.  El ser humano es mucho más delicado que una computadora; hay muchos condicionamientos y circunstancias externas que afectan nuestro comportamiento.

Dios, que sí conoce la naturaleza humana, comprende.  Por eso en la cruz lanzó esta frase: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.  Lo que significa: A pesar de todo, sigue amándolos – a mis enemigos, asesinos, a aquellos que me están crucificando en estos momentos – sigue amándolos.  Esta naturaleza humana nuestra está tan corrupta que es “normal”, por desgracia, que el hombre haga daño.  El ambiente social fácilmente contamina a cualquiera.  Muchas de las cosas malas que hacemos son por ignorancia y por las circunstancias que nos llevan a ello.  Dios nos perdona, pero también nos pide que perdonemos “70 veces 7”.

Queremos sugerirle los siguientes pasos que lo ayudarán a perdonar:

1.-  Sea realista y comprenda que la naturaleza humana está muy corrupta por el pecado y que los verdugos también son víctimas.  Muchas veces no sabemos cómo luchar contra nuestros primitivismos: esos instintos no moldeados que a veces florecen y hacen daño.  Pero pensemos que otras veces fuimos nosotros los que hicimos daño.  Es el mundo en que vivimos y debemos efectuar la operación de “BORRÓN Y CUENTA NUEVA”.

2.-  Cuando le ofendan, sea muy fuerte.  En este mundo el débil la pasa muy mal.  ¿Sabía usted que cuando a uno le ofenden, es uno mismo el que permite que la ofensa llegue a lo más profundo del alma?  Si usted quiere, la ofensa quedará en la periferia de su ser.  No esté rumiando su resentimiento y golpeando su auto-imagen.  Sea muy fuerte y olvide. 

3.-  Analice si en lo que le han dicho hay algo de cierto.  Muchas veces nuestras grandes verdades vienen de quienes dicen ser nuestros enemigos.  Algunos de ellos se hacen “especialistas” en encontrar nuestros defectos y sin ningún reparo nos lanzan nuestras fallas.  Y, a veces, tienen mucha razón.

4.-  Una prueba de amor es orar y bendecir a quien nos ha hecho daño.  Bombardéelo a fuerza de oración.  Así él no le hará daño y usted será santo gracias a él.  Vea también lo positivo que tiene esa persona, sus cualidades, su parte buena.  AME A PESAR DE TODO, COMO LO HACE DIOS CON NOSOTROS.

5.-  ¡Olvide!  Entierre eso ya.  No esté comentando con todo el mundo lo que le hicieron.  Jesús nos enseñó un camino maravilloso: perdonar y olvidar enteramente lo malo.  Él nunca tuvo resentimientos.  ¿Quiere conservar su paz y su salud mental, el amor en su corazón?  En verdad, ¿quiere amarse?  Olvide, tenga muy mala memoria.

6.-  Usted tiene derecho a defender su dignidad, a hablar con la persona y aclarar las circunstancias, pedirle una explicación sin alterarse.  Pero no caiga en la grosería.

7.-  Ore al Señor.  Pídale protección a Dios cuando el rencor venga a su mente.  Jesús sana su corazón herido.  Pídale que la sangre de Cristo limpie su corazón como si esto fuera una infección.  Construya una barrera interior que rechace el pecado. Ore por su enemigo y... olvide para siempre.

El camino de la sabiduría tiene un nombre: el perdón.  Y no se olvide, ¡CON DIOS, USTED ES INVENCIBLE!

 Monseñor Rómulo Emiliani, c.m.f.


 

domingo, 4 de febrero de 2018

¿QUÉ ES LA VIDA?


LA VIDA ES UN DON DE DIOS Y ES SAGRADA. Este concepto tan inherente a la espiritualidad hindú y budista y vivida también por nuestra cultura indígena latinoamericana, ha sido proclamado siempre por el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo y la Iglesia lo cree firmemente. Pero en la práctica hemos tenido tantos infortunios históricos, en parte por los conflictos bélicos entre naciones y aún entre religiones, en donde se han bendecido las guerras y sus armas, desde las espadas y lanzas, pasando por los tanques y aviones, y se ha pedido la intervención divina para que gane alguno de los contendientes, cosa que implica la destrucción del contrario.

SE HA EMPLEADO EL CONCEPTO DE GUERRA JUSTA y algunas veces de “santa guerra” y se ha satanizado al contendor. Siempre “el otro” es el agresor y merece ser derrotado, pidiendo el auxilio divino. Ejemplo: Las guerras entre musulmanes e hindúes que hicieron sufrir tanto a Gandhi y lo llevó a sus extremas huelgas de hambre, o entre el Islam y la Europa medieval católica; también el papado, en algunos momentos, contra reyes europeos, pasando por los conflictos entre muchos grupos indígenas en la América precolombina, o entre los europeos católicos y los pueblos indios de América, o las terribles y sangrientas luchas tribales en África. En la guerra civil norteamericana, los del norte y los del sur invocaban al Dios cristiano, al igual que en las dos guerras mundiales, se enfrentaron cristianos siempre pidiendo el apoyo de Dios y con sus capellanes bendiciéndolos. Todos oraban y se lanzaban entonces a destruirse. Se justificaba el matar y hasta en nombre de Dios, sea en guerra o después con la pena de muerte y siempre, supuestamente bendecidos por el poder divino.

HAY UNA ANÉCDOTA HISTÓRICA en la primera guerra mundial en un frente en el que combatían los alemanes contra los ingleses y escoceses. En la noche de navidad en una pequeña tregua, se escuchaban en ambos ejércitos atrincherados la canción “Noche de paz” en sus lenguas e inclusive con las gaitas escocesas…un soldado alemán, embriagado, sale de la trinchera con una botella de licor y comienza a caminar hacia el otro frente cantando y para sorpresa de todos, un par de ingleses hacen lo mismo. Total, al final terminaron jugando fútbol tres días los soldados que eran enemigos entre sí. Eran jóvenes de 18 a 27 años, fraternizando y olvidando momentáneamente lo horroroso de esas guerras absurdas. Después, por orden de sus altos jefes al enterarse del suceso, reanudaron los combates y siguieron matándose sin saber porqué.

¿Y QUE PENSARÁ DIOS? Esta pregunta parecería sobrar, pensando que Dios siempre está a favor de los buenos y los protege. Es común en los salmos leer peticiones para que Dios intervenga y derrote a los enemigos que agreden a los buenos. Por otro lado siempre tendemos a ponernos, todos, en la fila de los buenos y a sentir que “el otro” está equivocado y es el malo Pero, una pregunta: ¿quiénes son y dónde están los buenos? Segundo: ¿Dios quiere que los supuestamente buenos luchen y destruyan al contrario para demostrar que son buenos y que Dios está con ellos? Vuelvo a preguntar: ¿y qué pensará y querrá Dios? Creo que él dice que todos somos buenos porque fuimos creados por Él y no quiere que nos matemos por ninguna razón y que debemos buscar formas adecuadas para resolver nuestros conflictos, sin llegar jamás a derramar la sangre de nadie. Este será el gran reto del siglo XXI, superar las guerras y lograr la civilización del amor.

PERO VEAMOS MÁS PROFUNDAMENTE QUÉ QUIERE DIOS: Primero, desde el Nuevo Testamento, revelación suprema, ya que la Palabra se hizo carne, se manifiesta que toda vida es sagrada y merece respeto y protegerla es señal de estar con Dios. Segundo, en toda vida hay presencia y manifestación divina, por lo que Dios está en todo y en especial en los seres humanos. Lo que hagamos a alguien se lo hacemos al Señor. Este principio es vital en el Nuevo Testamento, al extremo de que nos jugamos la vida eterna de acuerdo a cómo tratemos a los seres humanos. Aplicar este concepto al respeto a la naturaleza nos convertiría en defensores genuinos de nuestros bosques, ríos y mares. Tercero, el auténtico culto a Dios implica no solamente las oraciones y demás ritos litúrgicos necesarios para nuestra vida espiritual, basados en lo esencial que es la Palabra y los Sacramentos, sino también la defensa del pobre, del marginado y excluido y su promoción humana.

POR ESO LA IMPORTANCIA DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA y la pastoral social, además de la evangelización intensa. Conceptos como el de la dignidad humana, el respeto a la vida y al Bien Común, la solidaridad y la comunión en la diversidad, respetando la opinión de los que no piensan como uno, (tolerancia y diálogo), hasta el de la austeridad y sencillez de vida para no acaparar bienes innecesarios, como el de promover una economía solidaria, donde los más pobres se puedan organizar en micro empresas, cooperativas y demás, todo eso es parte del trabajo y misión de la Iglesia.

LA IGLESIA, EN CONSTANTE PURIFICACIÓN, acepta los fallos en su pasado y pide perdón por eso y busca vivir más intensamente el Evangelio. Por eso lucha en favor de la vida en todas sus manifestaciones y defiende los derechos de todos, tanto de los pobres y discapacitados, los presos e indocumentados, las mujeres y los niños abandonados y está en contra de la pena de muerte, el aborto y la eutanasia y de toda injusticia social, marginación y exclusión. Es una constante de la Iglesia la asistencia a los pobres y ha sido y es la institución que en el mundo tiene más entidades a favor de todos los que sufren en todas sus variadas manifestaciones. Un simple ejemplo: Hoy día, las hermanas de Calcuta están dedicadas, entre otras cosas a los enfermos del sida y los hermanos de San Juan de Dios, siguen asistiendo, al igual que hace cinco siglos a los enfermos mentales.

¿CÓMO TOMAR CONCIENCIA EN NUESTRA HONDURAS con un promedio de 82 asesinatos por cada cien mil habitantes, de que la vida es sagrada? ¿Cómo detener esta ola irracional y casi diabólica de violencia que enluta diariamente a unas 19 familias? Esa es nuestra tarea y reto; crear una nueva cultura de la paz, del respeto a la vida y de la solidaridad, donde todos amemos la vida y la defendamos, asegurando un mejor futuro para todos los que habiten en esta hermosa pero sufrida tierra.

PARA ESO HAY QUE EVANGELIZAR a tiempo y destiempo, usando todos los medios posibles y seguir promoviendo la caridad inteligente en todas nuestras parroquias y orar con insistencia por la paz de nuestro pueblo. De hecho estamos viviendo un tiempo de una irracional y aberrante violencia, casi diabólica, y sabemos que nuestra lucha es contra poderes infernales y solo el Poder Divino es infinitamente más grande que el mal.

TAMBIÉN TENEMOS QUE SANAR NUESTRA MENTE ENFERMA, porque volviendo al principio de nuestra exposición, tenemos ya los síntomas propios de pueblos en situación de guerra: miedo colectivo y odio acérrimo al que nos agrede; Buscar cómo atacar al contrario en venganza y reducirlo a cenizas aplicando un concepto de justicia al margen de la ley por la impunidad que hay; acostumbrarse a la muerte violenta viéndola como algo natural; crecimiento de una cultura de la muerte, donde uno ya se convierte en un virtual combatiente que desea la muerte de “los otros”, de los considerados “malos”, sin analizar las causas del porqué hay tanta delincuencia y tanta destrucción. Debemos presentar personal y comunitariamente una cultura de la reconciliación. Debemos ser mensajeros de la paz, viviéndola intensamente. Este es un momento decisivo en nuestra patria y todos tenemos que promover la civilización del amor. No es nada fácil, solo con el poder divino es posible. 


Monseñor Romulo Emiliani c.m.f.

JOSÉ EDUARDO Y SU HIJO

Había intenso sol y el ambiente pesado en esa ciudad industrial y en un banco mucho movimiento y un ser malo y astuto vigilaba a dos hombres...