sábado, 10 de marzo de 2018

“ENSÉÑAME TUS OBRAS…..”



NO POR MUCHO REZAR NOS SALVAREMOS, aunque la oración es fundamental y necesaria.  Dios es misericordioso  y la salvación y todo lo bueno que tenemos viene de Él.  Nadie se salvará por sus propios méritos, pero “la fe sin obras es una fe muerta”.  Jesús continuamente nos está pidiendo que sirvamos al prójimo como  cuando lavó los pies a los discípulos y nos mandó que hiciéramos lo mismo. O cuando describe el momento del juicio final y nos dice: “Ven conmigo porque tuve hambre y me diste de comer….” La parábola del buen Samaritano es tan elocuente en esto: alaba al “hereje según la ley judía” y condena al sacerdote y levita por no haberse detenido y atender al apaleado y medio muerto.  Él mismo es un ejemplo de servicio incansable. Cuando Juan el Bautista estaba preso, mandó a preguntarle si era él el Mesías y Jesús respondió: “díganle a Juan: los ciegos ven, los sordos oyen, los paralíticos caminan….”.
SUS ACCIONES DETERMINAN SUS PRINCIPIOS. De qué vale que pregone sus pensamientos altruistas sino van acompañados por actos que los avalen.  La demagogia barata, las promesas que no se cumplen, al estar hablando mucho de uno mismo sin nada que en verdad prueben sus palabras, son posturas repudiadas por quienes esperan mucho de usted. Por otro lado, detrás del fracaso rotundo están los sueños de quienes no obraron intensamente por realizarlos. ¿Pero cómo va a actuar si no tiene metas claras y un plan para realizarlas? ¿Y cómo va a triunfar si teniendo objetivos y estrategias, no hace nada por realizarlos?  Si no hay acciones concretas que sobre  la marcha corrijan  y enriquezcan su plan, será un fracasado.
HAY QUE PONERSE EN MARCHA Y HACER ALGO,  asumir los riesgos en vez de esperar que algo suceda o que venga del cielo el éxito esperado.  Pero para eso hay que tener valentía, enfrentarse a los retos, aprovechar las adversidades, aprender de los fracasos, perseverar en su lucha y habituarse a no quedarse “sentado” a ver qué ocurra.   Ante la duda, es mejor actuar pronto que demasiado tarde.  
SE LE RECORDARÁ POR SUS BUENAS OBRAS.  Cuando parta de este mundo se guardará memoria de usted por sus actos y  no por sus palabras bonitas y sus promesas incumplidas.  Se acordarán de su presencia consoladora,  del tiempo que dio a los demás, sus abrazos fraternales, sus acciones concretas que ayudaron a los demás a salir de sus problemas y a superar adversidades.  La sonrisa sincera, el consejo apropiado, la compañía en el momento difícil, el darse usted y lo que tenía, todo eso quedará grabado en los demás. Y todo eso queda escrito en el “Libro de la Vida”.  Sepa que éxito es brindar un servicio útil a los demás que lo realice a usted y le haga sentirse satisfecho.
NADA GRANDE SE HACE SIN FE.  Esa confianza absoluta en Dios, la certeza de que su ideal es bueno, el creer en usted mismo y desear ardientemente realizar su objetivo, son los ingredientes necesarios para hacer las cosas.  Y  ya sabe, se necesita “inspiración” y una gran dosis de “transpiración”, es decir, “sudar la gota gorda”, para realizar sus metas. El deseo suyo debe ir acompañado de obras concretas, acciones que faciliten lograr su objetivo.  Y cuando las cosas no vayan bien y fracase, deje de estar echando la culpa a los demás, presentando excusas por docenas y acepte su responsabilidad y corrija sus acciones.  Ponga a rendir al máximo sus potencialidades, no postergue las acciones, establezca plazos para cumplir sus metas, evalúe su trabajo y no sea alcahueta de sus indecisiones y fallos. Si ya tiene todos los datos necesarios, decídase a hacer algo y hágalo rápidamente. Se ha dicho que “de buenas intenciones está lleno el infierno”…De hecho en el juicio final se  nos juzgará no por  nuestras creencias, sino por las acciones que hayamos tomado debido a ellas.
TODO EMPIEZA POR UN PRIMER PASO.  Si usted ve a una persona que ha logrado honestamente metas grandes en la vida, sepa que comenzó dando un primer paso y luego poco a poco, a base de éxitos y fracasos fue escalando gradas de superación.  Dé su primer paso y con paciencia vaya subiendo la cima de sus metas.  Nada grande se ha conseguido sin grandes esfuerzos y sacrificios.
ENTRE TODOS CONSTRUIMOS EL EDIFICIO SOCIAL.  Sea la Iglesia como cuerpo de Cristo y su Reino, o la sociedad como comunidad con todas sus estructuras, la acción concreta, los hechos pequeños o grandes, van levantando la “gran casa” espiritual y humana. La pasividad y el pecado de omisión hacen mucho daño. Y recuerde que con Dios es invencible.

Monseñor Rómulo Emiliani c.m.f.

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