viernes, 28 de mayo de 2021

DESDE LO HONDO A TI GRITO SEÑOR.


Señor, desde lo hondo de mi alma te pido, te suplico, te apiades de la humanidad y de mí. Todos hemos pecado. Llevamos en la sangre la maldad y el engaño. Nacemos con la tendencia a cometer el mal, y crecemos en ambientes cargados de iniquidad. La cultura reinante nos lleva a vivir con la locura de tener y poseer, de apartar a codazos al que se interponga en el camino, porque nuestra meta es enriquecernos a costa del próximo y escalar los primeros puestos y saciar nuestra vanidad y supuestamente pasar felices el resto de los años. Y no hay tal felicidad si a lo largo de la vida hemos dejado un reguero de fechorías por haber expoliado de sus bienes a los más inocentes, empobreciéndolos y humillándolos, amparándonos en inicuas leyes que favorecen al más fuerte y aniquilan al que menos puede. 

La conciencia nunca se deja vencer porque es tu voz y en cualquier momento de silencio emerge con fuerza y nos grita: ladrones, usureros, explotadores, engañadores del pueblo, el dolor de los más pobres será su acusador en el día del juicio. Sí, del juicio final, porque en ese no hay impunidad ni sobornos, ni mentiras que venzan, porque la verdad impera en la tarde la vida, cuando en el ocaso de nuestra existencia Dios que nunca duerme y siempre vela, descubra nuestra miseria humana envuelta en perfumes, sacos y corbatas, carros finos y otras vanidades, que escondían la podredumbre en que vivíamos.

Ese es el gran mal de nuestros países, la corrupción, que lleva a la gente a engañar, fabricar trampas, cometer iniquidades. Señor, aquí estamos, hechos del mismo barro. Necesitamos de tu presencia, de tu divino aliento que es el Espíritu Santo, de la sangre poderosa y redentora del Cristo hijo tuyo y de tu misericordia oh Padre. Solos no podemos. Nos seduce el dinero, el placer, el poder, la fama. Son dioses atractivos pero asquerosos, hermosos pero venenosos, como culebra que aparece con piel reluciente, brillante y que enroscada pareciera inofensiva, pero cuando hinca los colmillos inocula el veneno y nos paraliza y mata. Danos discernimiento, capacidad para ver y analizar el bien y el mal. Danos la fuerza para decir no, apartarnos de la tentación, huir del momento malo, de la ocasión dañina. Ten piedad de nosotros Señor.

Y te pedimos por los más pobres, los que no levantan cabeza, los que por generaciones han sido explotados, marginados y de los que solo se acuerdan para buscar el voto en las elecciones. Que venga ya un Reino de justicia, solidaridad e inclusión y desaparezcan tanta hambre y dolor. Señor, ayúdanos a vencer nuestro egoísmo y danos tu perdón.

Monseñor Rómulo Emiliani c.m.f.

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