miércoles, 7 de junio de 2017

LA NECESIDAD DE AFERRARSE A UNO MISMO!



VIVIMOS EN UN MUNDO QUE CAMBIA vertiginosamente.  El que se aferra a pensar y a hacer lo mismo siempre, rechazando toda innovación, termina “oxidándose”, caduco y obsoleto, sea a nivel personal u organizacional.  Solo permanece  la verdad sobre Dios y el hombre, manifestada en los dogmas de fe y en las reglas morales que fundamentan la conducta humana.  Pero todo lo demás está sujeto a cambios, a procesos de transformación si es que se quiere  una mayor perfección.  Por lo tanto el cambio es parte de la vida, es el movimiento constante  propio de los seres vivos.  “La renovación es uno de los impulsos primarios de la vida, como el amor y la libertad…todo necesita renovarse para mantener la ventaja con respecto al incansable proceso de destrucción… En el plano físico morimos y nacemos constantemente. En cada minuto millones de nuestras células se dividen, sacrificando su antigua existencia en una muerte que da vida a dos células nuevas. El impulso de la creación empuja la vida hacia adelante”, (D. Chopra).

PARA ENFRENTARNOS AL CAMBIO, muchas veces sorpresivo, hay que fomentar la revisión de nuestras estrategias y acciones, el ingenio para ser creativos,  la fortaleza espiritual y  el desapego para dejar aquello que no funciona.  De hecho si no estamos dispuestos a morir a cosas que fueron útiles, pero que ya hoy no responden a las exigencias del crecimiento y perfección, no tendremos la valentía para hacer los cambios   y seguiremos haciendo siempre lo mismo y  cualquier negocio o empresa, organización  o trabajo se vendrá abajo.  “Nuestro mundo, sin importar cómo pretendamos estabilizarlo, está en un estado de flujo constante y debemos adaptarnos a éste, casi siempre con muy poco tiempo para la preparación o la reflexión.  Por tanto debemos estar siempre vigilantes, “(Gary Moore).

EN LA VIDA MATRIMONIAL, por ejemplo,  muchas crisis vienen provocadas por la rutina, la pérdida de creatividad e interés por cultivar la relación humana y en el fondo, por perder las ganas de superarse personalmente. Se confunde la vida de hogar con “estar cómodamente echados” en la casa, “empotrados en el sofá”, sin ningún interés en agradar al cónyuge y a la familia. La persona que en su vida no está en esa tensión continua de crecer en todos los aspectos de su existencia va perdiendo atractivo, causando aburrimiento y hastío, provocando en los otros desasosiego e incomodidad. Curiosamente el que se estanca y no quiere renovarse, de una manera u otra arrastra a sus más cercanos a permanecer inmóviles también.

ES IMPOSIBLE CRECER SIN CAMBIAR. De hecho un ser vivo se distingue de uno que está muerto por la cantidad de cambios que se dan. El tener una visión de la vida, metas claras, renovándose para superar retos, es señal de que se está vivo y en movimiento. “usted no puede llegar a ser lo que fue destinado a ser si permanece como es. John Patterson dijo: “solo los necios y los muertos no cambian de idea. Los necios no lo harán. Los muertos no lo pueden hacer.” No le tenga miedo al cambio; es una ley incambiable del progreso. El hombre que en su negocio usa los métodos de ayer en el mundo de hoy, no tendrá un negocio mañana”, (John Mason). De hecho el progreso de la humanidad en cualquier campo de la vida se ha debido a las personas que no se conformaron con dejar las cosas como estaban. No le tuvieron temor al cambio. Captaron la demanda o necesidad, tuvieron una visión sobre cómo satisfacer ese clamor, asumieron los riesgos, dejaron su comodidad y seguridad y con fe y esperanza, con perseverancia y energía, se lanzaron a conseguir lo que parecía imposible.  Mire la historia del transporte terrestre, marítimo y aéreo con sus grandes avances; los grandes descubrimientos científicos, de tierras y continentes y la historia de la espiritualidad con Abraham, Moisés, David, Ezequiel, todos los profetas y el más grande, el Verbo Encarnado, Jesucristo nuestro Salvador, quien cambió la historia de la humanidad.   Todos los fundadores de órdenes religiosas y congregaciones fueron grandes visionarios que llenaron una necesidad urgente, sea de contemplación, evangelización, o de asistencia a los más necesitados  y cambiaron las cosas.

EL MÁS IMPORTANTE CAMBIO, la conversión.  Rectificar el camino, cambiar el rumbo, dejar atrás el peso muerto del pecado, caminar por el sendero estrecho, tomar la cruz de cada día, acercarse lo más íntimamente posible a Cristo; ese el cambio más necesario para ser alabanza del Señor. La conversión exige conocimiento de uno mismo, dolor de los pecados, búsqueda del Señor misericordioso y un pedir la fortaleza para mantenerse firmes y con Dios ser invencibles.

Mons. Rómulo Emiliani c.m.f.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

JOSÉ EDUARDO Y SU HIJO

Había intenso sol y el ambiente pesado en esa ciudad industrial y en un banco mucho movimiento y un ser malo y astuto vigilaba a dos hombres...