miércoles, 8 de abril de 2020

SEÑOR, LÍBRANOS DE LAS PESTES.



Señor, líbranos de las pestes, que tanto daño nos hacen. Cuando aparecen como león rugiente devoran poblaciones enteras de manera despiadada. La peste negra, la viruela, el cólera, la gripe española, el Ebola, el Sars, el VIH, el Corona Virus, que tanto daño han hecho a la humanidad. Toda peste nos demuestra que vulnerables somos ante cualquier enemigo invisible pero real, porque desmantela nuestras seguridades como el soplo del viento se lleva las hojas de un árbol, o la ola del mar desdibuja el castillo de arena hecho por un niño en la playa. En un santiamén desaparecen nuestras fortalezas y comenzamos a movernos en tierra de nadie. Y empezamos a recordar que somos mortales, que nadie hay seguro, que todo esto es un paso, que hay un Dios. Y volvemos a mirar hacia arriba, a un cielo de estrellas, a un más allá, a otra realidad, mucho más real que la nuestra, porque esa es el origen de la nuestra.

Qué rápido y que fácil es erigir nuestros castillos y fortalezas y creernos seguros y así prescindir de ti Señor. Poco a poco aparecen nuestros demonios ancestrales haciéndolos creer que somos Dios. En esta era de tecnología avanzada la humanidad se levanta y se erige en un ser omnipotente que demuestra un poder irresistible e indestructible. Por eso aparece un virus insignificante que sorprende por su voracidad y todo lo desmantela y desprograma. Tú no lo has creado ni lo has mandado Señor. Pero apareció y tú lo has permitido para que despertáramos nosotros y tomar conciencia de quién eres tú, quienes somos nosotros, y quién es la humanidad.

Pero hay virus peores y son los del alma. Los odios tribales, raciales, políticos, las ansias desmedidas de riquezas y de poder, las envidias y las grandes adicciones que han hecho estragos desde siempre. Y esos virus cómo nos hacen sufrir. Y cómo nos hacen destruirnos entre nosotros. Esos virus los llevamos adheridos a la piel del alma. Orgullo, soberbia, envidias, lujuria, odios, rencores, deseos de venganza, ansias de tener más y más, son enfermedades humanas espirituales que tanto daño nos han hecho. Gran parte de la pobreza y miseria del mundo y de las hambres son ocasiones por esos virus. Gran parte de los conflictos de guerras en cualquier escala en la humanidad tienen su origen en esos virus.

Por eso Señor necesitamos una sanación profunda interior, una conversión del alma, una renovación de la mente, un cambio radical. No podemos seguir igual. Ya hemos tocado fondo en la humanidad. Ahora es cuestión de levantar la mirada y fijarnos en ti Señor. Te necesitamos.

Monseñor Rómulo Emiliani c.m.f. 

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