domingo, 16 de febrero de 2020

¿DÓNDE ESTÁ EL DOLOR?




¿Qué dónde está el dolor? Nada más hay que recorrer los hospitales, sobre todo los públicos. Ahí verás cómo se mezcla la enfermedad con la falta de recursos y la impotencia de los familiares de los enfermos. Ir a las residencias de ancianos, sobre todo las que son del Estado, y notar cómo además del abandono y soledad que experimentan muchos viejitos, está el problema de falta de insumos para atenderlos bien. Entrar en un cementerio y ver con la imaginación a los familiares que hay detrás de las tumbas y cruces de los que han muerto, sobre todo cónyuges e hijos. La muerte siempre golpea mucho, y más cuando es de jóvenes. Ir a las cárceles y escuchar el lamento de los presos, sobre todo sus historias traumatizantes y su situación actual. Detrás de muchos de ellos hay madres, esposas e hijos que quedan desamparados y con el estigma de ser familia de un preso.

¿Qué dónde está el dolor? Vayamos a los centros de reclusión de drogadictos e investiguemos la situación de cada uno y el drama familiar que hay detrás de cada uno. Su estado de deterioro y su adicción difícil de arrancar. Vayamos a las calles y veámoslos comiendo en los basureros y hablando solos. Sigamos hurgando y contemplando el dolor en los innumerables alcohólicos que hay, que han arruinado matrimonios, familia, empleos, negocios, porque esa maldita droga es la peor, porque se promueve y se vende en cualquier parte de manera legal.

El dolor está en tantas familias y personas pobres, muchas viviendo en la miseria, comiendo prácticamente una vez al día, sin acceso a agua potable, luz eléctrica, educación y salud. Gente marginada y que son los parias de la sociedad. Abundan por todos lados. El dolor lo vemos en tanta gente explotada y excluida, que vive con mínimos recursos por culpa de un sistema mercantilista y materialista, que solo favorece el engrosar dinero a grandes fortunas y todos los que viven alrededor de ellas. Hay mucho dolor en los que son víctimas de una justicia que no es para todos y que se aplica de manera parcial de acuerdo a los intereses de grupos o personas de poder.

Hay mucho dolor y Dios está ahí acompañando el sufrimiento de todos ellos. Cristo sigue clavado en las múltiples cruces de los apaleados y crucificados de la historia. Podríamos hablar de un “Dios crucificado”, de un “Dios que llora” en los que sufren. Y si queremos en verdad adorar a Dios hay que buscarlo allí donde Él está. Y claro que está en el templo, en el sagrario, en los sacramentos, en la Palabra, pero para verlo “completo” vayamos donde Él está ahora, donde llora, en los crucificados de hoy día.

Monseñor Rómulo Emiliani c.m.f.

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